José Luis Sáez, S.J.: memoria y gratitud.

RIVIERA MAYA. Cuando los estudiantes de Comunicación de la UASD en los años 70 miraban entrar al aula a aquel hombre, con paso seguro, ataviado con la camisa de algodón de un blanco impecable, dos libros bajo el brazo y un cuaderno grande con los apuntes de su clase, sentían que sus estudios cobraban sentido.

Compartir la docencia con este individuo, más que una clase para pasar un semestre, era fiesta del conocimiento y compromiso. Además, en lo personal, su mirada a través de sus espejuelos, respiraba vida. E inspiración para que la existencia propia, sirviera de algo.

Era José Luis Sáez quien llegaba para aprender con ellos sobre periodismo iconográfico. Sesiones de 50 minutos transformadas en apasionantes aventuras académicas de formación y descubrimiento con un docente que apelaba, con su tono agradable y tranquilo, a la literatura —en especial a la poesía y la narrativa— y, muy especialmente, al cine, al enfoque de los «porqués» y a la perspectiva crítica que indagaba en las razones de todo, evitando la mirada simple y del acomodamiento social.

Los estudiantes en la UASD, que incluían a Dania Goris, a Edita Sánchez y al autor de la crónica, disfrutaban al extremo; tanto como Félix Manuel Lora en la Escuela de Comunicación de la Madre y Maestra (recinto de Santo Domingo). El maestro no impartía clases: practicaba el placer de compartir el conocimiento.

Es ese el tipo de hombre que se ha ido y cuya vida debe ser celebrada, sin espacio para lamentar porque haya llegado primero al destino común de todos.

José Luis Sáez no solo formó estudiantes de Comunicación; fomentó la conciencia crítica cultural en varias generaciones de la UASD con enfoque en la expresión de la cultura y con énfasis en cine, teatro y literatura. Su cátedra de Periodismo Cinematográfico y Periodismo Iconográfico, iniciada oficialmente en 1979, era interdisciplinaria: usaba cine, teatro, arte e historia para enseñar a «leer» la realidad.

Incluso se apoyaba en la poesía. En una de sus clases nos citó un poema del escritor peruano Armando Tejada Gómez, titulado El bienaventurado:

Aquel hombre de enfrente, simple de corazón, agonizó sus años corriendo a tres empleos. Un día, simplemente, su simple corazón le estalló en una esquina y despertó en el cielo. Dios, bonachón y antiguo, le dio la bienvenida, palmeándole y diciendo: ¿qué cuenta de la vida? Y aquel hombre de enfrente, simple de corazón, se quedó boquiabierto y preguntó: ¿qué vida?

El científico de la historia que se ha ido ofreció cátedras pioneras. Fue maestro de Periodismo Cinematográfico y de Periodismo Iconográfico. Formó a generaciones de periodistas dominicanos cuando el cine y la imagen apenas se estudiaban. Inició sus cursos de verano de apreciación cinematográfica en la UASD en 1967 y, en 1979, cuando ganó la cátedra de Periodismo Cinematográfico en la Escuela de Periodismo, impartió Periodismo Iconográfico hasta 2014.

De hecho, su primer libro, Teoría del cine: apuntes sobre el arte de nuestro tiempo (1974), nació directamente de sus clases. En cada materia ha dejado más de un libro de referencia, porque era sistemático y sus notas se convertían en libros. Empleaba el método interdisciplinario: Sáez venía de los cineclubes de los 60, donde se analizaba cine, teatro y literatura juntos.

En la UASD enseñaba que cine, teatro e iconografía eran lenguajes hermanos. Se apoyaba muy especialmente en el teatro como texto. En Periodismo Iconográfico analizaba puesta en escena, vestuario y dramaturgia. Usaba obras de Shakespeare llevadas al cine —como hacía la Escuela de Teatro UASD— para explicar «las adaptaciones realizadas del teatro al cine». Ese método de comparar texto teatral y lenguaje fílmico es herencia directa de las clases de Sáez.

Una tarde nos citó la obra de teatro Llama un inspector, de J.B. Priestley, una pieza que luego, en los años 90, fue montada con la producción de Exmín Carvajal en la Sala Ravelo. Planteaba la llegada de un inspector de policía a una cena familiar para investigar el posible homicidio de una joven del núcleo familiar; una pieza cargada de giros sorprendentes, mostrando el uso paralelo de las sincronías del tiempo presente y pasado, los arcos dramáticos y el ritmo de intensidades en el curso de una historia. Así de apasionante era la clase de José Luis Sáez.

Como historiador, siempre ubicaba la obra en su momento. Formó a los estudiantes para preguntar: «¿Por qué esta obra ahora? ¿Qué dice de la sociedad dominicana?». Formó comunicadores con visión integral y, sin expresarlo, sentó las bases de una nueva crítica de cine dominicana, con Félix Manuel Lora como una de sus figuras. Compartió con los pilares de la crítica profesional de entonces: Armando Almánzar y Arturo Rodríguez Fernández. Se complació en intercambiar con figuras fundamentales del cine como sentido de vida: Jimmy Sierra, Humberto Frías y Carlos Francisco Elías.

Era cultivador de un pensamiento denso. Se cuestionaba la razón por la cual los críticos de cine de los años 60 eran tan superficiales y se preguntaba por qué los intelectuales dominicanos tardaron tanto en tomar el cine en serio. Se planteaba:

«¿Significa ese silencio un rechazo absoluto del cine, como si se tratase de un intruso mecánico que pretendía la categoría de arte con aquellos dramas fotográficos de los años diez? ¿Significa, quizás, una actitud hermética de mantener las Bellas Artes como única manifestación del espíritu del hombre, y cerrarle así el paso a cualquier otra forma de expresión?… ¿Obedece, quizás, a esa ‘enajenación hispanista’ y a la concepción idealista de la cultura?”.

Su primer libro, Teoría del cine: apuntes sobre el arte de nuestro tiempo (1974), nació directamente de sus clases en la UASD. Sus notas de profesor se convirtieron en el primer manuscrito. Su labor no se limitó a la escritura; como profesor de Iconografía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, sus clases y textos fueron el primer contacto formal de muchos estudiantes con el análisis crítico de la imagen.

El homenaje, motivado por Dahiana Acosta – presidenta- y presentado por Félix Manuel Lora, incluyó una entrevista al Padre Sáez, en la cual narró aspectos de su vida como investigador histórico y amante del cine.

Homenaje ADOPRESCI (Video gentileza de adopresci.org)

Cine y Periodismo Iconográfico

Obras sobre la historia de la Iglesia

Publicó críticas y ensayos en: El Nuevo Diario, La Noticia, Cinestudio y Reseña. Fue jurado de la OCIC en el Festival Internacional de Cine de Venecia (1983) y el Festival Internacional de Cine de San Sebastián (1987).

La partida de José Luis Sáez no es el final de un relato, sino la entrega definitiva de un legado que ya no le pertenece solo a él, sino a cada pupila que enseñó a mirar más allá de lo evidente.

Su paso por las aulas no dejó cenizas, sino antorchas encendidas; hoy, su voz académica se funde con la eternidad, recordándonos que el conocimiento solo trasciende cuando se entrega con la generosidad de quien, como él, hizo de la enseñanza su forma más pura de fe y de libertad.

Fuente: En Segundos

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