SANTO DOMINGO. Quien se ha marchado físicamente no es solo un fotoperiodista destacado que ha documentado parte esencial del proceso histórico contemporáneo dominicano; quien nos ha dejado es el autor de uno de los más amplios registros fotográficos de la vida dominicana.
Es la descripción de un ser de excepción que nunca vendió a nadie una foto suya.
Su deleite y su pago era la proyección de sus imágenes, captadas por un artista de la información visual que se las ingenió siempre para estar en el momento preciso y el lugar exacto. Uno que registró heroísmos anónimos, grandes delincuentes y corruptos de todo tipo.
La obra de Franklin Guerrero (1960s-2026) no puede evaluarse únicamente por fotografías aisladas. Su legado está integrado por miles de imágenes publicadas en prensa escrita, televisión y plataformas digitales, especialmente mediante el género periodístico que él ayudó a popularizar en el país: la fotocrónica. Su archivo constituye uno de los registros visuales más completos de la vida política, judicial y social dominicana de las últimas dos décadas.
La presente es una crónica detallada (no puede ser breve porque la labor periodística descrita no lo es). Se trata de un inventario cronológico de sus fotografías y coberturas más influyentes, un recorrido por las imágenes que ayudaron a construir la memoria visual de la República Dominicana contemporánea.
La de Franklin Guerrero es una personalidad profesional marcada por:
A lo largo de su carrera sufrió agresiones físicas y amenazas derivadas de su trabajo periodístico. En 2012 fue agredido mientras realizaba fotografías en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. Asimismo, denunció amenazas vinculadas a investigaciones periodísticas de alto perfil.
Su archivo, acumulado durante más de dos décadas, constituye uno de los registros visuales más completos de la República Dominicana contemporánea.
Su padre fue Cruz Adolfo Guerrero Báez, uno de los creadores del sistema archivístico fotográfico del diario El Caribe y, posteriormente, hizo lo mismo para el del vespertino El Nacional, caracterizados por su funcionalidad, garantías de preservación del material y disponibilidad ante los requerimientos de los periodistas para apoyar su trabajo. Sus hermanos son César, Orestes y Roxanna Guerrero.
Los historiadores de la comunicación probablemente ubicarán a Franklin Guerrero en la tradición de los grandes reporteros gráficos dominicanos que entendieron la fotografía como documento social y no simplemente como ilustración periodística.
Desde una perspectiva historiográfica, Franklin Guerrero debe ser ubicado junto a los grandes fotoperiodistas dominicanos que transformaron la fotografía de prensa en una herramienta de interpretación social. Más que una imagen icónica aislada, su aporte radica en la construcción sistemática de una memoria visual nacional.
Su legado se expresa en cinco áreas:
El valor de la obra fotográfica de Guerrero no se limita a una fotografía célebre, sino a haber construido, semana tras semana, uno de los archivos visuales más importantes de la República Dominicana contemporánea, gracias a la aceptación de su concepto por parte de Nuria Piera (Nuria en el 9 / Nuria Investigación), en cuya isla de edición se encerraba cada semana para editar él mismo sus imágenes y agregar una narración que creó un estilo.
Franklin Guerrero, antes de convertirse en uno de los fotoperiodistas más influyentes de la República Dominicana, se formó y ejerció como odontólogo con consultorio en la calle Uruguay #14 del sector de Gascue, en Santo Domingo. Se le reconoce una trayectoria prestigiosa como odontólogo de cuidadoso trato con sus pacientes, a los cuales trataba previamente como personas con dolencias dentales que debían ser conversadas primeramente. Se tomaba todo el tiempo necesario, pero la fotografía terminó convirtiéndose en su principal vocación profesional.
Su generosidad profesional deja mucho agradecimiento: no comercializaba con sus fotos a pesar de que eran exclusivas y determinantes por su importancia. Las entregaba a quienes las necesitaban; bastaba con pedirlas.
La versión de que el fotoperiodista Franklin Guerrero fue el único fotógrafo autorizado por la DNCD (Dirección Nacional de Control de Drogas) para captar la extradición de Quirino Ernesto Paulino Castillo forma parte de la memoria profesional del propio Guerrero y de colegas de prensa que han destacado el acceso excepcional que tenía a operativos judiciales y antidrogas.
Quirino fue arrestado en diciembre de 2004 y extraditado a Estados Unidos el 18 de febrero de 2005.
La salida se realizó por el Aeropuerto de la Base Aérea de San Isidro, desde donde fue entregado a las autoridades estadounidenses. La famosa e icónica fotografía tomada por Guerrero a Quirino Ernesto Paulino Castillo en febrero de 2005 es una de las imágenes más emblemáticas de la historia del periodismo de investigación y sucesos en la República Dominicana.
La imagen captura a Quirino en el momento preciso en que se encontraba ya sentado en el interior de la aeronave de la DEA que lo trasladaría en extradición hacia los Estados Unidos, hablando con su familia mediante un celular que le prestaron agentes de dicha entidad.
En la toma original se observa el rostro de Paulino Castillo mirando a través de la pequeña ventanilla ovalada del avión, reflejando una mezcla de asombro y resignación al percatarse de que el lente de Guerrero lo había localizado en la misma pista de aterrizaje de la Base Aérea de San Isidro.
Esta cobertura supuso un hito periodístico en el país, ya que se logró burlar los estrictos cercos de alta seguridad militar que las autoridades de la época habían dispuesto para que el traslado se realizara en el más absoluto secreto y sin acceso a la prensa general.
¿Por qué pudo haber sido el único fotógrafo?
Guerrero era uno de los fotógrafos con mejores contactos en los organismos de seguridad, con conocimientos profundos sobre temas de seguridad pública y estrategias vinculadas; sin embargo, no era miembro de esos organismos desde su puesto de trabajo como fotoperiodista.
“Muchos creen que soy un agente de la autoridad pública porque me llaman para operativos, pero en realidad es una alianza entre ellos y yo, que documento sus actividades, garantizo un despliegue transparente de lo que hacen y a mí me otorga acceso a hechos y personajes que son noticiosos. Pero no serviría para ser agente de seguridad de ningún gobierno”, nos dijo en una oportunidad.
No se ha localizado ningún documento que demuestre lo contrario y tampoco hay confirmación oficial de que la DNCD lo tuviera en la categoría de fotógrafo exclusivo. Tenía amplia experiencia cubriendo tribunales, la DNCD, la Policía Nacional y la Procuraduría General de la República. Las autoridades acostumbraban a restringir el acceso a operativos de alto perfil por razones de seguridad, permitiendo ocasionalmente la entrada de un solo reportero gráfico de confianza.
Los análisis publicados tras su fallecimiento coinciden en que su archivo constituye un registro visual invaluable de la vida pública dominicana desde finales del siglo XX hasta el primer cuarto del siglo XXI.
Fuente: En Segundos
