Lo que para muchos es una rutina urbana normal, para los residentes de Cancino Adentro se ha transformado en una lucha de supervivencia diaria. En este rincón de la zona oriental, la dignidad parece haberse disuelto entre el lodo de sus calles intransitables y el silencio de unas autoridades que, según denuncian sus moradores, solo aparecen en tiempos de campaña.
El panorama vial de Cancino Adentro es desolador. Las arterias que deberían conectar a miles de familias con sus centros de trabajo y estudio han colapsado casi por completo. Los baches han evolucionado hasta convertirse en cráteres profundos, transformando vías principales en caminos vecinales impropios de una zona urbana.
A pesar de que el sector está conectado a la red de agua potable, la precariedad técnica sabotea el servicio. Múltiples averías en las tuberías matrices provocan fugas constantes que inundan las calles ya deterioradas, mientras la presión en los hogares es insuficiente.
La comunidad asegura haber reportado estas filtraciones de forma reiterada, pero la respuesta oficial brilla por su ausencia. El resultado es un círculo vicioso: el agua que falta en las llaves sobra en las zanjas de las calles, agravando el deterioro del asfalto.
La delincuencia ha encontrado en el abandono de Cancino Adentro el escenario perfecto para operar. Los asaltos se han convertido en la norma, especialmente durante la «madrugada laboral».
La historia de Cancino Adentro es una de resiliencia frente al rezago. Originalmente, estos terrenos sirvieron como el vertedero del Gran Santo Domingo, clausurado bajo la administración del exalcalde Rafael Corporán de los Santos.
Tras el cierre del depósito de basura, familias de escasos recursos ocuparon el territorio levantando viviendas de zinc y madera. Hoy, 40 años después, muchas de estas estructuras siguen expuestas a cañadas y aguas residuales. El sistema de drenaje es prácticamente inexistente y la canalización de aguas negras es una promesa incumplida que amenaza la salud pública ante cada tormenta.
El símbolo más doloroso del olvido estatal es la Escuela Básica Santiago Hirujo Sosa, ubicada en la calle Antonio Guzmán. Iniciada en el año 2012 y adscrita al Distrito Escolar 10-03 del MINERD, la obra parece una ruina moderna:
Según testimonios de vecinos como Manuel, las paralizaciones se deben a la falta de desembolsos del Estado, lo que obliga a los ingenieros a retirar las cuadrillas por falta de fondos.
La comunidad de Cancino Adentro no pide lujos, sino condiciones mínimas de habitabilidad. El clamor colectivo se resume en cuatro pilares urgentes:
Como bien resume Fe María, una de las voces del sector: «Solo queremos condiciones dignas para vivir y que nuestros hijos tengan las oportunidades que el barro les está quitando».
Fuente: En Segundos
